Opinión

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Javier Buenrostro

Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
México está estable pero necesita crecer para crear los empleos de calidad que la gente demanda.
Las élites económicas están enardecidas porque vieron en los últimos años el empoderamiento de gente a la que solían tratar como cosas, que vieron como sus "sirvientes" se convirtieron en ciudadanos conscientes de sus derechos políticos y civiles.
Mientras que los progresismos tratan de darle la batalla a un neoliberalismo que ha empobrecido al 99% de la población y enriquecido exponencialmente a la élite del 1%, hay una derecha ultraconservadora que se refugia en los símbolos religiosos para mantener sus privilegios.
La OEA, que nació en 1948 para proteger los intereses de los Estados Unidos durante la Guerra Fría, ha tenido una historia de bajas y altas en su historia, aunque son más los valles que las crestas. En los últimos años, desde que la dirige Luis Almagro, la OEA ha mostrado ser un organismo con una profunda parcialidad a favor de las derechas latinoamericanas y los intereses regionales de Estados Unidos.
Exigir la renuncia del presidente en cada desgracia solo revela los sueños golpistas de algunos y la nula solidaridad con los afectados de otros.
Los movimientos sociales nos hablan de una ciudadanía que está cansada de los atropellos de la clase política. Y los políticos latinoamericanos han respondido como saben, como lo han hecho durante décadas: con autoritarismo y violencia
La reciente renuncia de Eduardo Medina Mora a la Suprema Corte y la postura abierta del ministro Arturo Zaldívar al revelar las presiones que recibió del expresidente Felipe Calderón, son muestras de que la política de López Obrador permea más allá del Ejecutivo.
Si se quieren modificar las relaciones que se establecieron en administraciones pasadas es necesario no dejarse doblegar por los intereses privados, acostumbrados a corromper a los servidores públicos o a ponerlos de rodillas por la presión que suelen ejercer de distintas formas.
Desde hace algunos meses EE.UU. le ha pedido a México redoblar esfuerzos en el control de los migrantes centroamericanos que van hacia su territorio, fungiendo en los hechos como una especie de policía migratoria. Pero a los temas migratorios que han estado en los medios durante los últimos meses, México agregó otra variable.
Uno de los principales problemas es la lentitud con la que se mueve toda la burocracia estatal, a la que el presidente mexicano suele comparar con un elefante reumático al que ha costado mucho trabajo empezar a mover.
Un punto de inflexión que se abre con la llegada de López Obrador es el de privilegiar el bienestar de la gente por encima de los mercados. Aunque la tarea es ardua, el enfoque es claro: los mexicanos son ciudadanos con derechos sociales, no simples consumidores.
El gobierno mexicano, al emprender una acción legal contra el tirador de El Paso, tiene varios objetivos políticos, entre ellos: protestar contra el discurso de odio y desplazar el debate hacia la discusión sobre la posesión de armas.