Opinión

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Daniel Bernabé

Daniel Bernabé (Madrid, 1980) es escritor y periodista. Además de sus libros de relatos y de haber prologado a autores como Gil Scott-Heron o David Peace, publicó "La trampa de la diversidad", uno de los ensayos más debatidos y vendidos del 2018 en España. Ha escrito sobre sociedad y política para medios como La Marea, Vice o Público, e impartido conferencias en universidades como la UNED, la Autónoma o la Jaume I. En twitter se le puede encontrar como @diasasaigonados.
Vivimos en una sociedad en la que nos regodeamos en nuestra diversidad competitiva, pretendiendo ser mejores que el de al lado o incluso más desgraciados, comerciando en un mercado con las monedas de la opresión y privilegio, conflictos que se solventan mediante la deconstrucción y la ofensa y que siempre hacen referencia al individuo, no a su relación con la estructura económica y su papel en la escala productiva.
Sobre una jornada de 40 horas semanales sufrir 8 días alternos de baja en dos meses será considerado motivo de despido.
El pacto muestra sin pretenderlo la anomalía democrática española en Europa: mientras que los autodenominados liberales pactan con los ultraderechistas, mientras que una gran parte del aparato mediático ha blanqueado a Vox, se recibió de forma histérica el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos.
Los que se sientan en los consejos de administración siempre votan, pero además influyen constantemente en el Parlamento con su poder. Igual que nadie deja de ir a trabajar por estar cansado, nadie debería dejar de votar por las mismas razones: el desencanto es un lujo que no se pueden permitir los que tienen sus manos por todo capital.
Aunque América Latina parece haber despertado del letargo neoliberal y actúa en consecuencia, en Europa y EE.UU. sus ciudadanos están más cerca del nihilismo que de la esperanza, de comportarse como payasos antes que como adultos.
Es cierto que España es un país muy diferente al de 1939 y distinto al de 1978, fecha oficial del fin del franquismo. Pero no lo es menos que aunque Franco ha sido exhumado de su mausoleo de homenaje, propiedad pública, aún el franquismo no ha sido exhumado por completo de la sociedad española.
Por mucho que se hable de la desafección a los partidos resulta chocante que personas que ocupaban un escaño y aparecían en los carteles electorales sean sentenciados a una década de prisión. No hay antecedentes comparables. La nada precede a la estupefacción.
Lo paradójico no es que estos nuevos políticos derechistas favorezcan, al margen de su retórica, tanto o más a esas élites económicas. Lo paradójico es que ya son capaces de hacerlo y poner el foco de las iras populares en quien menos culpa tiene, enfrentando al penúltimo con el último, siendo líderes en este trepidante espectáculo de la política en el siglo XXI
Este artículo pretende ser una manera de reivindicar las ideas de izquierda sin hablar en absoluto de política concreta. No busquen recetas económicas o maneras de gobernabilidad. Sólo encontrarán un decálogo –absolutamente arbitrario y personal– que les puede valer como recordatorio, en Madrid, Quito o Buenos Aires, de que aún merece la pena seguir pensando cómo lograr una vida, si no más justa, al menos situada en un camino donde la dignidad es la brújula que marca el objetivo.
El referendo de permanencia en la UE fue una de esas jugadas que se suponen carentes de riesgos, que se activan para suplir una crisis de popularidad y que cuando te quieres dar cuenta han cambiado el rumbo histórico de tu país situándolo en la encrucijada.
La apropiación, que tomó fuerza cuando el capitalismo depredador empezó a hacer negocio con las formas culturales afroamericanas en los noventa, se sitúa en un terreno exclusivamente culturalista, identitario: algo me pertenece moralmente y alguien viene a robármelo con intenciones aviesas.