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RT se adentra en la feria ilegal más grande de América Latina

Publicado: 30 jun 2017 18:12 GMT

La Feria argentina La Salada es una de las más grandes del mundo, pero está en el ojo de la tormenta. ¿Cómo funciona y que papel cumple en la economía local?

RT se adentra en la feria ilegal más grande de América Latina
Las vías que atraviesan la feria de La Salada, Buenos Aires, Argentina.
Santiago Mayor / RT
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Hace poco más de una semana, la Policía de Argentina realizó 57 allanamientos para detener al empresario Jorge Castillo, el llamado 'Rey de La Salada'. Este hecho puso nuevamente en el centro de la escena esa feria, definida por Estados Unidos y la Unión Europea como "la más grande de América Latina".

Creada en 1991 por miembros de la comunidad boliviana en Argentina, La Salada creció hasta ser un espacio que genera millones de dólares por día y da trabajo a miles de personas. Está ubicada en Ingeniero Budge, una localidad del municipio de Lomas de Zamora, en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires.

A pesar de su presunto estatus ilegal, si uno viaja en automóvil por la autopista Héctor Cámpora la feria cuenta con señalización oficial que indica cómo llegar. Bordeando el Riachuelo —que marca el límite sur de la capital argentina— se llega hasta Budge, una zona que, a simple vista, se observa que es mayoritariamente humilde y pobre.

Santiago Mayor / RT

Los orígenes

La Salada nació en pleno auge del neoliberalismo en Argentina, bajo el Gobierno de Carlos Saúl Menem. Lo hizo "de la mano de un grupo de inmigrantes bolivianos que venían de una cultura de economía informal", explicó a RT el periodista Sebastián Hacher, autor del libro 'Sangre salada'. 

Hacher detalló que esos inmigrantes bolivianos, "que iban teniendo cada vez más peso", hicieron una feria "que la Policía iba corriendo de lugar en lugar", hasta que terminó donde se encuentra hoy. Allí se vendían "pantalones de 'jean', garotos y afeitadoras. Esos eran los productos estrella".

Gran parte de la comunidad boliviana trabajaba "en talleres de costura clandestinos manejados por coreanos y argentinos, que producían para las grandes marcas". La comunidad boliviana "aprendió ese sistema de trabajo y comenzó a montar sus propios talleres", explicó el periodista. "Aplicaron además una serie de técnicas de venta y producción muy propias de la cultura andina", añadió.

Santiago Mayor / RT

Esto derivó en la eliminación de "todos los intermediarios: producen y también venden". Y eso "sigue siendo así" el día de hoy. "La persona que tiene un taller, algunos días a la semana se queda sin dormir y va a vender a la feria", apuntó.

Una feria, muchas ferias

De noche, cuando funciona la feria —que son varias en una—, es un hervidero de gente. Miles de personas recorren las calles y los galpones. De día, la situación es más tranquila, pero el movimiento se nota igual. Camiones, autos y camionetas ingresan mercadería, personas limpian y los 'cuidacoches' siguen trabajando. Estacionarse en cualquier lugar supone que alguien se acerque y le pregunte si se va a quedar ahí. En caso de hacerlo, hay que abonar un monto que suele rondar los 100 pesos (6 dólares). 

"Hay cuatro grandes ferias: Urkipiña, Ocean, Punta Mogote y la de la Ribera, que es la de la calle", señaló Hacher. Esta última es la que fue desmantelada por las fuerzas policiales, que aún custodian el lugar-. "Esa feria es de barrabravas, de vecinos, de Castillo, de dueños de las otras ferias, de políticos. Todo el mundo mete la cuchara ahí", apuntó el periodista. Se trata de "un archipiélago de muchos dueños" y, cuando "explota algún conflicto", es por lo general "por el territorio de la feria", dijo.

A este entramado se suma también el control de la seguridad, la limpieza y el transporte. Existen pequeños micros ('combis') que trasladan a la gente desde la feria hasta el puente La Noria, en el límite con la Ciudad de Buenos Aires. "Mi hermana trabaja cortando los pasajes, le pagan 1.000 pesos —60 dólares—, pero recaudan millones", contó a RT un vecino del barrio Tongui, que queda un poco más alejado pero en el cual vive mucha gente que trabaja en la feria.

Santiago Mayor / RT

La ciudad efímera

Si bien La Salada ha sido señalada como un espacio ilegal, donde una mafia actúa con total impunidad, la realidad es un poco diferente. La feria es un centro económico que dinamiza no solo al municipio de Lomas de Zamora y sus alrededores, sino a otras ciudades del país.

En primer lugar, porque en los barrios aledaños funcionan los talleres que proveen la ropa a la feria. Allí "hay trabajo esclavo, es verdad", reconoce Hacher, pero hay también "gente que se esfuerza mucho". En ese aspecto, es necesario "diferenciar los talleres clandestinos de los talleres familiares". 

Al explicar la dinámica de la feria, el autor de 'Sangre Salada' subrayó que "a todo el mundo le conviene que la feria funcione de noche". A quien produce, porque "lo hace durante el día y a la noche vende". Además, "hay muchísima gente del interior del país que viaja todo el día, a la noche compra y a la mañana siguiente está de nuevo en su pueblo o ciudad para vender".

Santiago Mayor / RT

Este último aspecto denota también el carácter que adopta La Salada como centro de distribución mayorista que abastece a gran parte del país. "En cualquier 'shopping', negocio de barrio o gente que va vendiendo por la calle en el interior del país, hay gente con ropa de La Salada", comentó Hacher.

Por eso si La Salada desaparece, como pretenden algunos sectores políticos, "sería un colapso económico terrible". Existen "miles y miles de personas que viven de la feria. No se trata de un antro mafioso con 50 matones donde se hacen negocios turbios", añadió el periodista.

Finalmente, definió a la feria como "una especie de ciudad efímera" que "se pone en pie dos veces por semana y le da trabajo a miles de familias desde hace tres décadas". Una ciudad textil que "tiene un peso económico que no lo sabemos medir, pero es enorme", concluyó.

Santiago Mayor y Federico Araya

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